La veo y no la creo....
Uno siempre sabe que hay alguien mejor que uno, sobre todo las mujeres. Pero....Si yo no me creo el cuento....Quién me lo va a creer? Probablemente nadie...
Por eso cuando ella camina por las calles, su filosofía es "soy tan sexy
que puedo tener a todos los hombres que pasan a mi lado, soy tan sexy y estupenda que todos a quienes miro, me desean, o sea, donde pongo el ojo, pongo la bala"....Y mueve sus caderas, un poco desbordantes, y mueve su cintura, que casi nadie nota, pero la mueve, al vaiven de sus caderas y de sus hombros...
Sus senos se mueven al mismo ritmo que sus pies tocando el suelo, saltan más de lo normal por el peso y el tamañano, eso si llama la atención de cualquiera. Sus senos son exhuberantes. Y ella seguía coqueta por el paseo, "soy tan sexy, todos matarían por tenerme, por tocarme"...."Él acaba de mirarme, Oh! ese también me está mirando!...Paren que me gasto!..."
Sus piernas no eran tan largas como le hubiera gustado, eran más bien normales y un poco rellenitas, de un bonito color eso si, pero gorditas. Sabía bien como manejarlas, sabía los movimientos precisos e indicados, sus tacos galopaban en el cemento como un caballito delicado. Algunos la miraban.
Y ella seguía con su ritmo, su sex appeal, su audacia, su coquetería, sus creencias y su presencia. Sus senos, sus caderas, su peculiar c
intura, sus hombros al descubierto, sus brazos cubiertos con pulseras de plata, sus piernas adornadas por los tacos, sus mejillas con un rojo tímido, sus labios, con un rojo pasión, sus ojos, como dos estrellas, alumbrados por la sombra escarlata que ponía en ellos.
Su vida a ratos, era como un escenario, todo el perfume color rosa que ponía en su cuello, muñecas, su pecho, todo preparado para entregar placer a quien lo quisiera, ella estaba casi siempre, muy dispuesta. Todos los días se subía al escenario de lo cotidiano, que para ella era todo un show, el sol era como las luces, la gente en la calle, era su adorado público, el reflejo del calor en el pavimento, las hacía del flash de las cámaras fotográficas que deseaban captar su belleza....
Cuando llega a su casa, el telón se baja. Las luces se apagan. El público ya no existe más. Él se mira al espejo y ya no es la misma de antes. Se saca las pestañas, la peluca, se quita el labial, los tacos y las pulseras, se pone su polera, los pantalones y las pantuflas.
Abre la puerta del baño y ve que sus hijos lo están esperando para ir al parque.
Un caluroso abrazo, un par de lagrimas y un grito de Gol, en la cancha de la esquina. Esa era la vida de Darío.



Todos los días se pinta de blanco,
sale a la calle llena de colores,
y a cada minuto recibe un brochazo en la piel
Su espalda, sus manos, su rostro,
van siendo invadidos por luces y sombras,
se le van encendiendo de fiebre y de frío
de forma que cuando regresa y se mira
no está.
Mal vive bajo su avalancha.
Fragmento de "Blanco" de Silvio Rodríguez.
Una alegoría a la neurosis.
Entrete el post y reflexivo además.
Un abrazo
Haroldo