Este es el titular de terra.cl. Un hecho, un acontecimiento. Yo en realidad, lo viví de otra manera.
Es increible ver la reacción de la gente en la calle. Estaba en el banco esperando en la fila del cajero automático, cuando de pronto, todas las cosas empezaron a moverse, lentamente, de un lado hacia otro, de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, pero al mismo tiempo y sin un ritmo definido. De pronto, el movimiento empezó a crecer, las caras de las personas en la fila, ya no eran las mismas, las que tenían cara de mamá estaban preocupadas, algunas ya se habían salido de la fila y estaban corriendo por la calle.
De pronto el tiempo se detuvo. Todo se movia pero en cámara lenta, miré hacia afuera y vi lo imposible. Las calles se habían transformado en un mar de pavimento, el oleaje de concreto era imposible, hacía que los autos derrotaran la fuerza de gravedad y se elevaran del suelo, las caras de pánico adornaban la escena, como peces arrancando despavoridos porque detrás venía un depredador.
Luego, casi como un remolino, el reloj comenzó a andar a velocidad normal y todas las cosas recobraron vida. Estaba aún en el banco, pero ahora el guardia del local, estaba parado en la puerta, simulando una barrera, para que nadie abandonara el lugar. "Tranquilos", decía, "es más seguro que estén aqui, antes que estén en la calle, los cable son peligrosos" y detrás de él, la ironía misma, mujeres corriendo histéricas con celular en mano, sin importar autos, carabineros, ni nadie. Automovilistas casi asesinos al volante sin importar personas, niños, carabineros, nada. Personas desmayadas, mujeres llorando, trabajadores preocupados. Y yo, espectadora.
No calculé el tiempo, pero si se que fue bastante, bastante como crear pánico en la población, para provocar el desalojo del edificio donde trabajo, para que todos corrieran a sus casas a ver a sus familiares, incluso yo.
La micro fue otro episodio. Casi colgando en la puerta, vi cosas hermosas, dentro de una catastrofe. Todos los pasajeros, urgidos, preocupados, con ganas de llegar luego, ansiosos, en ningún momento olvidaron ayudarse entre ellos. Desde atrás gritaban "la puertaaaa!!!!", y los que seguían prolongaban el grito hacia adelante, hasta que el ayudante del chofer declaraba el pedido y este lo ejecutaba, parada en la esquina, en el semaforo por favor, dejeme acá nomas, ¿quien no ha pagado su pasaje? De mano en mano, los 390 pesos llegaban hasta la mano del chofer que recibía la ganancia sin despejar los ojos del camino, para llevarnos a todos, sanos y salvos, a nuestro destino. Gran responsabilidad.
Una vez en casa, las cosas eran un poco más relajadas, mi hermano estaba en la cama de mi mamá, acostado bajo las frazadas y sin decir una palabra, mi madre lo había ido a ver hace poco, dejando su trabajo por poco momentos, sin poder combatir la preocupación. Carlos, con cara de hermana tengo miedo, me abrazó y nos pusimos a revisar juntos los daños que tenia el depa. Algunas grietas en las paredes, un par de cosas en el suelo, pero nada más grave.
Las replicas aún continúan. Las llamadas teléfonicas persisten, ya que muchas lineas están caidas. Aún no puedo hablar con mi mamá, pero presiento que está bien y tratando de comunicarse conmigo.
Mi versión del terremoto.



Yo también estuve en ese mismo instante, pero en otro lugar. Estaba en la calle, yo no sentí el sismo tan fuerte, pero vi a la gente correr despavorida, los profesores con sus alumnos tratando de mantener la calma mientras los trasladaban.
En un principio pensé y dije “solo es un temblor”, pero en ese mismo instante, en una fracción de segundo pensé “como estará?”, claro, me preocupe de la persona que más quiero, y por un momento sentí lo que muchas de esas personas sentían, preocupación por lo más querido.
De ahí en adelante se me hizo un viaje eterno, intente seguir a pie, casi corriendo me encontré con un profesor al cual se le había desmayado una alumna al cual le dije que pusiera un polerón debajo de la cabeza de la niña y que le dieran espacio para respirar (creo que nunca hable tan rápido y transmite un mensaje con mayor claridad).
De pronto miré y vi venir una micro, me dije “así llego más rápido”, pero en realidad no fue tan asi. La micro casi choca unas dos veces… mínimo, y el camino se me hacía cada vez más eterno.
Hasta que llegue, ahí, en la puerta del edificio de su oficina, tan radiante como siempre. La abrace, y le dije “te quiero mucho”. Creo que no me escucho. Solo me dijo “bakan que vinieras”. Pero no importa, yo solo me conforme con verla, abrazarla, y saber que el amor de mi vida estaba sana y salva.