Siempre tuve mil historias que contar, de hechos que ocurrían varios de los fines de semana en que salía con mis amigos y pasaba "algo más"; conocía a "alguien", me encontraba con algún "amigo de antaño", descubría que había más que amistad y buena onda con algún "amigo", o simplemente no pasaba nada. Pero esas ocasiones eran las menos. Hubo algún momento en que mis salidas se basaron solo en eso, en la sorpresa que la noche podría traerme...
Hasta que me aburrí. Me aburrí del amigo paleta, del oportuno, del justo llegué que rico que te encuentro o del flirteo superficial en la disco que casi siempre terminaba en un amoroso encuentro en algún rincón oscuro de la ciudad. Simplemente me aburrí.
Comencé a buscar otro tipo de cosas. Algo quizás, "un poco más profundo", algo que realmente moviera mi piso, encendiera mis pasiones y llegara hasta mi corazón y no se muriera en el camino. Creí que nunca lo iba a encontrar.
Tropeze con varios encuentros fallidos en el camino. Creer que lo había encontrado, siempre era el gran error. Abandonarme a la situación, siempre era el gran error, querer que las cosas resultaran como yo quería, siempre era el gran error.
Hasta que de pronto, y sin darme por aludida, estaba pensando como la recientemente flamante "señora esposa", joven, pero señora, preocupada de que ojalá, algún día, pudiera tener esa seguridad tan añorada, y que ahora, la tengo como la recientemente flamante señora esposa que soy. Pero oh! Wait, no lo soy!!!
Así que decidí ir por la vida sin preocuparme mucho de esa seguridad, o más bien, de esas ganas de tener pololo y hacer cucharita los domingos, porque sabía, bien en lo profundo, que ese momento, algún día llegaría, y por supuesto que no esperaba que fuera como lo antes relatado, sino, en completa y absoluta libertad.
Final de la historia: Todo salió casi como lo esperaba, creo que hasta mejor de lo esperaba.


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